La
teología de la prosperidad, se remonta en su genealogía al pensamiento de Frans
Mesmer, Mary B. Eddy, Norman Vicent Peale y su “pensamiento positivo” y otros.
El
neopentecostalismo toma muchos principios de la posmodernidad, y la “teología
de la prosperidad” es uno de ellos.
Antonio
Gouvea Mendonca indica las marcas principales que distinguen al noepentecostalismo
del pentecotalismo:
a)
Características empresariales de prestación de servicios o de oferta de bienes
religiosos mediante recompensa pecuniaria, con modernos sistemas de marketing.
b)
Distanciamiento de la Biblia, la cual es usada en forma esporádica y sin ningún
rigor hermenéutico o exegético.
c) La inexistencia de comunidad, ya que relación
más bien se sitúa entre “empresa” y “cliente”
La
persona que no ha logrado la “perfomance” que buscaba y que se le prometía
desde el púlpito, ahora tiene no sólo que sobrellevar su problema de carencias
económicas, sino también la culpa de la “falta de fe”.
Las
críticas que se pueden hacer desde la Biblia a la teología de la prosperidad,
son que el Dios de esta teología, deja de ser el que se solidariza con los
pobres, maltratados, y marginados de la sociedad (Exodo 3.23-25), y defensor de
huérfanos, viudas y pobres (Isaías 1.17, Exodo 22.22-24) para pasar a ser el
Dios de los ricos, de los poderosos, de los que se enriquecen y, con sus
riquezas, dominan sobre los demás.
Pronunciarse
en contra de la teología de la prosperidad no significa que los que concuerdan
con ella están a favor de la pobreza. La pobreza no es una virtud en sí misma.
De lo que se trata es de no ser miopes como para no ver que la pobreza no es
una cuestión meramente espiritual (demonios de pobreza) o de una falta de fe de
parte de los que la sufren.
La
promesa del Evangelio de Jesús no implica de suyo, un ascenso social y una
acumulación de riquezas como resultado.
La
pobreza es atribuible, en muchos casos, a esquemas y estructuras de poder que
permiten que los ricos lleguen a serlo, y lo siguen siendo cada vez más a costa
de los pobres.
Bibliografía
Alberto Roldan “Para qué sirve la Teología”
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